El paradolmen de Marge del Moro
La coveta del Marge del Moro fue el primer yacimiento de cronología epipaleolítica localizado dentro del Macizo del Garraf. Sólo 5 de los 14 m2 de ellos podemos considerar que recogían las tres unidades estratigráficas (VI, VII y VIII) epipaleolíticas Todos los (Los tres) estratos han presentado restos de fauna y utillaje lítico tallado, pero no de cerámica ni utillaje pulido pulimentado.
Durante la excavación de la coveta del Marge del Moro, comprobamos que tres grandes losas delimitaron el interior de la cavidad acotando la zona en la que se situaban los huesos humanos. También, en la entrada de la cavidad, en su lado E y adosado a la pared rocosa se localizó lo que hemos identificado como un agujero de poste (estructura 4). Por otro lado, se descubrió otro agujero de poste (estructura 6). Ambas estructuras se correspondían con sendos agujeros de unos 30 cm de diámetro con un hacinamiento de piedras en el interior de su fondo que servirían para atrancar la base de los postes.
La losa plana de mayores dimensiones, se encontró caída sobre 4 cuadros limitados por los dos agujeros de poste. La medida de su altura coincidía con la distancia entre el nivel del suelo de la capa de inhumaciones y la visera de la cavidad. Su anchura también se correspondía con la distancia entre los dos agujeros de poste (estructuras 4 y 6). Igualmente, la posición en la que se encontró la losa concuerda con su movimiento posterior de caída. Dos losas más, halladas en los cuadros occidentales contiguos a la estructura 6, permitían efectuar el cierre total de la cavidad entre la estructura 6 y la pared W del abrigo.
Esta disposición permitió trabajar en la hipótesis de que el espacio en el que se depositaron los inhumados se acondicionó a modo de pequeño hipogeo. Una serie de 3 grandes losas calcáreas delimitaban el área de sepulcral de inhumación, mientras que una estructura artificial, presumiblemente de madera y piedra, permitiría su cierre. La estructura obtenida puede ser considerada un paradolmen, siguiendo así las corrientes funerarias del período cronológico en el que se enmarca.
El conjunto formado por los dos postes situados en los agujeros (estructuras 4 y 6) y la primera losa debían de formar un cierre que funcionaba a modo de puerta, mientras que el cierre formado por el tronco de la estructura 6 y las otras dos losas funcionarían como cierre no móvil. Todo ello permitió aislar la cavidad para conseguir un espacio sepulcral protegido.
Las inhumaciones son primarias, sucesivas y efectuadas, pues, en un lugar cerrado y protegido. Los inhumados sólo se acompañaron de elementos de ajuar personal, básicamente cuentas de collar o brazalete de piedra, concha y hueso. Las características de las inhumaciones y del material recuperado no permitieron, en ese momento, la singularización de los esqueletos. Este hecho limitó el trabajo antropológico a la búsqueda del número mínimo de individuos (NMI), que se determinó en 27, a partir de la información ofrecida por las piezas dentarias que fueron los elementos más representados y que aportaban mayor información. De dichos individuos, 17 serían subadultos, 8 serían adultos y de dos no se ha podido determinar su edad. Entre los subadultos se ha podido distinguir un perinatal, 5 individuos de entre 1,5 y 3 años, 9 individuos entre 3 y 8 años y 2 individuos entre 8 y 10 años. En cuanto a los adultos se debieron de inhumar un mínimo de 3 individuos jóvenes (hasta 25 años), 2 de entre 25 y 35 años y 3 más de entre 33 y 45 años, sin que se pueda determinar si habían entrado en la categoría de maduros o no. Por lo que respecta al sexo se ha podido determinar que había cuando menos 2 individuos de sexo femenino y uno de sexo masculino.
El trabajo de singularización de individuos que, recientemente, CIPAG está llevando a cabo, nos está haciendo cambiar algunos de los conceptos. Si bien la primera datación obtenida nos marcaba, por extensión, que los inhumados debían de haber sido depositados en el paradolmen durante la primera mitad del III milenio cal ANE, en un contexto de neolítico final-calcolítico, nuevas dataciones de otros de los individuos que están en proceso de publicación nos están orientando hacia la segunda mitad del IV milenio, ya en neolítico final e incluso alguna nos entra en la primera mitad del IV milenio lo que se trataría de inhumaciones de finales del neolítico medio II.
A la luz de estos datos, aún por acabar de confirmar, la ocupación sepulcral de la coveta del Marge del Moro sugiere un grupo humano reducido, probablemente ganadero y trashumante, que en el transcurso de este período de casi 800 años ha ido empleando la cavidad como espacio de inhumación cuando circunstancialmente se producía la muerte de uno de sus miembros hallándose en el territorio de estudio.
